Notas

La medicina occidental contemporánea reconoce el potencial curativo de las sustancias botánicas. Mucho antes del descubrimiento de la química moderna, las plantas y las hierbas eran los medicamentos del mundo. Se utilizaron ampliamente inclusive en los países occidentales hasta los años 30 y todavía se venden comúnmente en las farmacias europeas. En efecto, un alto porcentaje de los productos farmacéuticos formulados en la actualidad son compuestos puros de plantas o formas sintéticas de drogas presentes en las plantas. Por ejemplo la digital, estimulante químico del corazón, comenzó a utilizarse cuando un botánico la obtuvo en forma natural de una planta denominada dedalera.

Sin embargo, existe una gran diferencia entre utilizar las hierbas como medicamentos y tomar una versión sintética del ingrediente activo o incluso el químico natural extraído de la planta. Según el Ayurveda, la eficacia del medicamento no depende enteramente de la estructura molecular de su ingrediente activo sino del control y el equilibrio proporcionados por los otros elementos de la planta. Por tanto, para que una droga funcione se necesita el “ajuste” químico correcto, pero este no es suficiente para crear salud y equilibrio. La eficacia máxima de la medicina herbaria radica en el equilibrio de las fuerzas vitales “la delicada red de la inteligencia” que estructuran y mantiene al cuerpo de la planta misma. Una molécula de digital, por ejemplo, es químicamente la misma ya sea que se encuentre en la dedalera o se sintetice en el laboratorio. Sin embargo, una de ellas está viva mientras que la otra no. Separada de la fuente de su inteligencia, la molécula de digital es apenas una colección de átomos inanes; aunque es una buena droga química, carece del “savoir faire” para satisfacer las exigencias infinitamente cambiantes de la vida y cumplir con sus reglas precisas de etiqueta; se encuentra literalmente por fuera del circulo del complejo sistema de retroalimentación del cuerpo con el cerebro y, a igual que un ser gregario que no cuenta con los contactos y los favores sociales de rigor, se manifiesta constantemente en situaciones en las cuales no se la necesita realmente. De allí los efectos secundarios adversos de los medicamentos fabricados por el hombre, como sucede, por ejemplo, con la tableta para la gripe que elimina los síntomas molestos pero también constriñe los vasos sanguíneos provocando mareos o hipertensión, especialmente en las personas que sufren de presión alta.

En Quantum Healing, Deepak Chopra sigue el recorrido de un agente bioquímico una de las drogas “vivas” del cuerpo por el torrente sanguíneo, a fin de demostrar el poder organizador casi infinito que necesita una sola molécula para entrar, en medio de trillones de células, aquel único sitio receptor donde se precisa de ella. Chopra escribe: “Una célula sanguínea que se dirige apresuradamente hacia el sitio de una herida para formar un coagulo no ha hecho su viaje al azar. Sabe exactamente a donde ir y que hacer tan pronto llega a su destino… Las moléculas parecen tener la capacidad de escoger entre diversos sitios, es una verdadera maravilla seguirles la pista bajo el microscopio eléctrico, para verlas enfilarse hacia donde se las necesita”.

Este movimiento decidido y preciso de una sola célula es todavía mas asombroso si pensamos que esta complicada coreografía es apenas un fragmente minúsculo de toda la danza. El cuerpo “puede liberar centenares de sustancias químicas a la vez y dirigir su atención con respecto al todo”, anota Chopra. Esta “sincronización perfecta” y esta “coordinación exquisita de una decena de procesos relacionados” son las que faltan cuando reemplazamos un factor de coagulación, por ejemplo, por una droga formulada.

Con el tiempo nos sentimos cada vez más renuentes a consumir drogas fabricadas por el hombre debido a sus efectos secundarios indeseados. Además, a medida que crece el mercado de remedios naturales (un informe del New England journal of Medicine dice que los estadounidenses gastan cerca de trece mil millones de dólares anuales en tratamientos denominados alternativos), las compañías farmacéuticas han comenzado a buscar afanosamente “nuevas” fuentes de hierbas medicinales en las selvas tropicales del mundo. Al mismo tiempo, algunos científicos contemporáneos se han dedicado a estudiar con renovado ahínco los efectos de los denominados remedios caseros. En un estudio conjunto del Fox Chase Cancer Center de Filadelfia y la Universidad de Mantras en la India, los investigadores analizaron los efectos de la planta phyllantus amarus sobre el antígeno de superficie de la hepatitis B. Descubrieron que en un 59% de los portadores de la hepatitis B, el antígeno de superficie desapareció sin aparecer nuevamente durante el periodo de nueve meses de seguimiento. En el grupo de control se observo el mismo resultado solamente en un 4%. El estudio señala que los médicos ayurvedicos prescribían la misma hierba hace dos mil años para tratar la ictericia, síntoma clásico de la hepatitis.


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